Biografies de Manisers Ilustres
Biografías de Maniseros Ilustres

ELEUTERIO
CATALÁ TOMÁS
Beniarrés, 15.03.1895
Picadero de Paterna, 28.11.1936
Sacerdot / Sacerdote
Coadjutor
de la Parroquia de Manises
Beniarrés,
a finales del siglo XIX, era un pueblo de casi dos mil habitantes,
situado en el antiguo valle de Perpuchen, a la ladera del monte
Benicadell, pertenecía al arciprestazgo de Concentaina. En 1894
había comenzado la construcción del actual edificio de su templo
parroquial dedicada a San Pedro Apóstol. De artístico estilo
gótico, esbelto y grande, costeado por el mismo vecindario, terminó
las obras en 1900.

Durante
esos años, y exactamente el 15 de Marzo de 1895, nació en la calle
de Los Dolores de dicho pueblo el que por el tiempo sería vicario de
Manises, Don Eleuterio Catalá Tomás. Sus padres se llamaban Camilo
Catalá Picó, natural de Planes, y Isabel Tomás Catalá, oriunda de
Catamarruch. El padre trabajaba en Beniarrés como secretario del
Ayuntamiento.

Al
día siguiente de su nacimiento Eleuterio recibió el bautismo, que
le administró el vicario de la parroquia, Don Félix Giner. Fueron
sus padrinos, Juan Sanchis Valor y Francisca Giner.

Educado
Eleuterio en el ambiente cristiano de su familia y de la parroquia,
pronto sintió la llamada al sacerdocio. En el curso 1910 – 1911
ingresó en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José,
donde cursó las humanidades y en el Seminario Conciliar de Valencia
recibió la formación filosófica y teológica.

El
10 de Diciembre de 1922 en la capilla del Arzobispado, el arzobispo
Don Enrique Reig Casanova, le confirió la ordenación sacerdotal.

Tuvo
sus primicias sacerdotales en Campo de Arenoso, un pueblo de algo más
de quinientos habitantes, situado en la ribera derecha del río
Mijares, entre Pueblo de Arenoso y Montanejos. En lo eclesiástico
era parroquia de entrada y pertenecía al arciprestazgo de
Villahermosa del Río, que si bien era de la provincia de Castellón,
perteneció hasta 1958 a la diócesis de Valencia.

Don
Eleuterio proyectó su celo apostólico en aquella comunidad
parroquial. Y durante muchos años quedó el recuerdo agradecido de
aquella feligresía al pastor bueno y abnegado en el servicio de la
grey.

Sueca
fue su siguiente destino. Esta populosa población de la Ribera de
gran solera religiosa, conoció la seriedad del trabajo pastoral que
impartió este sacerdote.

Los
superiores le indicaron de que podía, como coadjutor, ir a
Beniarrés, su pueblo natal. El nombramiento era delicado, ya que su
padre desempeñando el cargo de secretario del Ayuntamiento había
tenido problemas con la Corporación Municipal, y a pesar de ello
manifestando con ello su humildad y disponibilidad aceptó el
ofrecimiento de ir de vicario a su pueblo. 
Pronto
fue nombrado coadjutor de la parroquia de San Juan Bautista de
Manises. Se encontraba ya en dicha parroquia desempeñando también
el mismo cargo Don Luis Valldecabres Alonso, natural de Quart de
Poblet.

El
trabajo pastoral por aquellos años era intenso. Los bautizos cada
año superaban los 150, las defunciones algo más de un centenar y
unos cuarenta los matrimonios que se celebraban. La religiosidad de
la feligresía era muy vivida y pedía gran dedicación.

Don
Eleuterio durante los años de vicario en la parroquia de Manises fue
testigo excepcional de las actividades apostólicas del Patronato de
Acción Social, y cooperó activamente a que tuviese una gran
operatividad entre la infancia y juventud.

Al
estallar la guerra civil en julio de 1936 continuó viviendo en
Manises hasta finales de agosto. El comité lo llamó y lo expulsó
de la población. Se trasladó entonces a Valencia refugiándose en
casa de su madre y hermanos. Y allí permaneció hasta el 22 de
noviembre en que se presentaron siete milicianos en su domicilio y lo
detuvieron.

Fue
llevado a la checa situada en el edificio del Seminario Conciliar de
Valencia. Al día siguiente de estar encerrado en la cárcel lo
visitó su madre, y en presencia de los guardianes, le dice: <>.

Durante
los cinco días que estuvo encarcelado, con un crucifijo que llevaba
encima, asistió espiritualmente a algunos detenidos, y al ser
increpado por lo vigilantes, por hacerlo, les contestó: <>.
Este dato fue facilitado por lo familiares de otros detenidos, y
concretamente por la hija de uno de edad avanzada, que se le permitió
que atendiera a su padre por hallarse gravemente enfermo.


El
28 de noviembre fue conducido al Picadero de Paterna, donde fue
asesinado. Su cadáver estuvo en el depósito del cementerio de dicha
ciudad. Al morir tenía 41 años de edad y 13 de presbiterado. En
1939 sus restos mortales fueron inhumados en el panteón de la
congregación sacerdotal del Inmaculado Corazón en el Cementerio
General de Valencia.

Arturo
Llin Cháfer
Testigos
de Jesucristo 1999.

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